He comparado mi inconstante vida espiritual al intento que hace una persona para adelgazar. Así ha sido mi búsqueda de Dios a lo largo de estos años, buscando a Dios en algunas épocas y “pasándola” en una vida religiosa en otras. No ha sido hasta ahora, y después de casi treinta años de haber recibido al Señor Jesús como mi salvador, que EL SOL ME HA AMANECIDO y que he podido asirme de Dios de una manera distinta ( aunque sé que el Señor siempre me tuvo agarrada de su misericordia).
En mis épocas buenas traté de nutrir mi alma con los alimentos básicos de la oración, del ayuno y de otros “suplementos espirituales” como ir a la iglesia con mucha frecuencia, pero quizás me faltaba un ingrediente clave para mantenerme siempre en esta dieta saludable. Por pura misericordia de Dios y como una niña, empecé otra vez a buscar a Dios con una dosis de lectura diaria, pero esta vez (después de tantas veces de querer hacer dieta) empecé a leer la Biblia para tener esperanza (Ro. 15:4).
Me agarré, pero quizás debo de decir, me estoy agarrando de la Palabra, porque es mi única esperanza, la última que me ha quedado para ser “dichosa” y deleitarme en Él (que es mi anhelo) y que Él se agrade de mí, como un padre se goza al ver que su hijo finalmente busca la sabiduría. Descubrí, voy a decir que lo descubrí, aunque ya otros lo habían descubierto, que leyendo los salmos o proverbios diariamente y orándolos como si fueran mis oraciones, me ayudaba a orar diferente, menos centrada en mi misma, más basada en su Palabra, y más por otros. Y leyéndola cronológicamente (voy por Ezequiel, aunque de repente, me voy a una epístola de esas cortitas que se pueden leer de una sentada) me ha abierto los ojos de manera más clara a lo único que Dios quiere de nosotros, ser el único Dios al que adoremos de la forma que él quiere que lo adoremos. Leyendo su Palabra me ha llevado a la oración, y sorprendentemente, mi vida de oración ha pasado de ser apresurada, emotiva o de emergencia, a algo más sustancioso, más deleitoso y más frecuente.
Me he agarrado de la palabra como un náufrago, la palabra es mi esperanza…lo que no alcancé en 30 años, me está pasando hoy. Mis emociones que han sido como olas gigantescas en tiempos de tormenta, están siendo apaciguadas y sujetadas con la Palabra. Así que leer la Palabra, comerla todos los días, nutrirme de ella con ayuda del Espíritu Santo, llena y está llenando todos los vacíos que no fueron llenados a lo largo de una alimentación espiritual deficiente. Vacíos o lagunas que se están llenando con algo nuevo y dulce como es la Palabra de Dios. Leer la Palabra me llena de esperanza que es Cristo, de paz que es Cristo, de certeza que es Cristo. Ya no la leo bajo la perspectiva religiosa, como una tarea obligatoria, sino como una manera de encontrarme con Dios y de escuchar su voz.
Para terminar quiero agregar, que le pedí al Señor que me hablara, que usara a alguien o algo que me dijera qué hacer, dónde ir, y cómo enfrentar ciertas situaciones, al orar por eso, me quedé callada totalmente, un silencio apacible me inundó (tienen que haber minutos de silencio dentro de la oración para escuchar a Dios) y Dios me dijo- escuché su voz en mi corazón- que él me hablaría y me aconsejaría qué hacer a través de su Palabra.
A veces tememos los momentos de soledad porque son como espejos que nos muestran la pura realidad de nuestras miserias, pero si tomamos ventaja de esos momentos, en vez de salir corriendo a buscar el ruido y las luces, y meditamos en lo que dice ese libro que describe la gloria de Dios con palabras, nuestras vidas se llenarían de propósito aunque no entendamos las circunstancias.
John Piper en uno de sus libros comparte cómo ora la Palabra en su lucha por el gozo y que ricamente me ha bendecido en mi lectura de la Biblia:
. INCLINA mi corazón a tus testimonios, y no a la avaricia. Salmo 119:36. De esta manera le pedimos a Dios que nos dé un deseo, que no tenemos, por su palabra.
. ABRE mis ojos, y miraré las maravillas de tu ley. Salmo 119:18. Abre los ojos de mi corazón para maravillarme en tu palabra.
.UNIFICA mi corazón para que tema tu nombre. Salmo 86:11 Un corazón unido donde todas sus partes digan SI a todo lo que Dios nos revela en su Palabra.
.SÁCIANOS. De mañana sácianos de tu misericordia, y cantaremos y nos alegraremos todos nuestros días. Salmo 90:14. Que nuestro corazón al encontrarnos con la Palabra esté satisfecho con Dios y no con las cosas de este mundo.
¡EN LA PALABRA HAY ESPERANZA!
Oro que Dios nos de hambre de su Palabra y que nuestras almas se duelan (como un dolorcito de hambre física) por el alimento espiritual a tal punto que corramos a buscar su rostro YA.
Les comparto este poema que escribí a continuación
Déjenme ser homo unius libri [hombre de un libro].
John Wesley
El libro
Leo el libro buscando refugio
en la hendidura de una palabra
me aferro al contenido redondo
de sus letras como un niño a su madre
me escondo de las tormentas
en la palabra que palpita en sus páginas
busco entre comas y puntos
el Verbo pleno que me restaura
me hundo en ese océano de palabras sabias
y salgo de sus aguas con más certeza
me alimento de sus palabras que saben a pan
en mi canasta las llevo como manzanas
que destilan promesas
me alumbran como estrellas
y como soles las busco para encender mis noches
leo el libro como buscando un tesoro
donde cada palabra brilla como el oro
las incrusto en mi frente y en mi boca
sellando mi corazón con esperanza
la venda de mis ojos se cae
y en sus palabras miro la gloria de Cristo
leo el libro con ansiedad de niño
para nunca más olvidarlo en la repisa.
Mercedes Gamero-Wilson©
6/2011
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